Las calabazas de Yayoi Kusama y el infinito de sus lunares

Esferas negras con puntos de colores brillantes, como una instalación de Yayoi Kusama.

Escrito por

Nerea Raya

Publicado el

29 sept 2026

Índice

Una calabaza amarilla cubierta de lunares negros puede parecer un motivo sencillo, pero en la obra de Yayoi Kusama concentra memoria, obsesión, naturaleza y una idea radical del infinito. La serie permite entender cómo una imagen aparentemente amable se transforma en pintura, escultura, instalación inmersiva y símbolo del arte contemporáneo. Aquí explico su origen, sus significados, sus obras más importantes y qué conviene observar para no reducirla a una simple imagen viral.

Las claves para entender las calabazas de Yayoi Kusama

  • Origen personal: Kusama se interesó por las calabazas desde su infancia en Matsumoto, Japón.
  • Motivo transversal: aparece en pinturas, esculturas, salas de espejos, grabados e instalaciones.
  • Significado: combina la sensación de seguridad de la naturaleza con la disolución del yo mediante los lunares.
  • Obra esencial: la calabaza amarilla de Naoshima, creada en 1994, convirtió el paisaje en parte de la pieza.
  • Escala cambiante: existen piezas íntimas de pequeño formato y versiones monumentales de más de 10 metros.

Dos esculturas de Yayoi Kusama, con su icónico patrón de puntos negros sobre fondo amarillo, parecen dos calabazas unidas.

La calabaza que convirtió una visión íntima en icono global

La calabaza de Kusama no nació como un logotipo. La artista la relacionó desde muy joven con el entorno rural de su familia, dedicada al cultivo de semillas y plantas en Matsumoto. Esa experiencia dejó una imagen concreta y cercana, pero Kusama la llevó hacia un territorio mental donde las formas naturales se repiten, se expanden y parecen perder sus límites.

Su primera aparición en la producción de la artista se remonta a la década de 1940. Desde entonces, la calabaza ha reaparecido en medios muy distintos, siempre reconocible por sus colores intensos y sus patrones de lunares. A mí me interesa precisamente esa tensión: parece una figura doméstica y simpática, pero funciona como una estructura visual obsesiva.

El motivo se volvió especialmente conocido gracias a sus esculturas públicas. La más célebre es la pieza instalada en Naoshima, frente al mar interior de Seto. Su color amarillo y sus puntos negros destacan contra el azul del agua y el verde de la isla, de modo que la obra no se entiende del todo separada del paisaje.

Por qué la calabaza importa tanto en la obra de Kusama

Kusama ha descrito las calabazas como figuras de generosidad, sencillez y equilibrio espiritual. No hace falta convertir estas palabras en una explicación definitiva, pero sí ayudan a entender por qué el motivo resulta distinto de otros elementos de su universo, como las redes infinitas o los espejos.

La calabaza conserva algo sólido y terrestre. Tiene peso, volumen y una silueta reconocible. Frente a la sensación de vértigo de una sala de espejos, ofrece una presencia casi protectora. Esa cualidad explica que pueda transmitir alegría sin ser una imagen ingenua.

Los lunares introducen el segundo nivel de lectura. Para Kusama, la repetición puede expresar la disolución del individuo en un universo más amplio. La forma sigue siendo una calabaza, pero su superficie queda cubierta por un ritmo que la desborda. El objeto individual permanece y, al mismo tiempo, parece integrarse en algo infinito.

Yo evitaría interpretarla únicamente como un símbolo de salud mental o como una referencia biográfica. La experiencia personal de la artista es importante, pero la fuerza de estas piezas también procede de decisiones formales muy precisas: contraste cromático, repetición, escala, ubicación y relación con el cuerpo del espectador.

De la pintura a la escultura y la sala de espejos

Una de las razones por las que la serie conserva su vigencia es que no repite siempre la misma solución. Kusama ha utilizado la calabaza como imagen plana, objeto tridimensional y entorno inmersivo. Cada formato modifica la experiencia y cambia la relación entre el espectador y el motivo.

Formato Qué aporta Qué conviene observar
Pintura y grabado Presentan la calabaza como imagen repetible y cuidadosamente construida. La regularidad de los lunares, los contornos y la tensión entre figuración y abstracción.
Escultura Introduce peso, escala y presencia física. Cómo el volumen ocupa el espacio y cómo cambia según se contemple de cerca o a distancia.
Sala de espejos Convierte una figura limitada en una experiencia aparentemente infinita. La repetición de la forma y la pérdida de una orientación espacial estable.
Instalación exterior Hace que la naturaleza, la arquitectura y el clima formen parte de la obra. El diálogo entre el color de la pieza y el paisaje que la rodea.

La relación con los espejos es especialmente significativa. Mirror Room (Pumpkin), presentada en 1991, convirtió la calabaza en parte de una experiencia envolvente. Ya no se trataba solo de mirar un objeto, sino de entrar en un espacio donde la repetición altera la percepción del tamaño, la distancia y la identidad.

Este paso de la imagen al entorno explica por qué la obra funciona tanto en un museo como en una fotografía. La imagen es inmediata, pero la experiencia física añade algo que la pantalla no puede reproducir: la sensación de que el patrón ocupa también el espacio del visitante.

Tres obras que explican la evolución del motivo

La Pumpkin de Naoshima

La pieza creada para Naoshima en 1994 fue concebida para el exterior y se instaló en un antiguo muelle. Medía aproximadamente 2 metros de alto por 2,5 metros de ancho, una escala suficiente para competir visualmente con el paisaje sin desaparecer en él.

Su historia también muestra que una obra pública no es intocable ni ajena a las condiciones naturales. La pieza original fue dañada y arrastrada al mar por un tifón en 2021, y una nueva versión se instaló en el mismo lugar en 2022. Para mí, ese episodio refuerza una idea importante: la obra no es solo un objeto, sino una relación delicada entre arte, clima, turismo y memoria colectiva.

Las salas de espejos con calabazas

En las instalaciones inmersivas, la forma aparece repetida hasta crear una imagen casi cósmica. Los espejos multiplican cada calabaza y convierten sus lunares en una especie de constelación. El efecto puede ser espectacular, pero su interés no se agota en la fotografía.

Lo más potente sucede cuando el visitante deja de controlar por completo la perspectiva. El cuerpo se vuelve parte del patrón, y la calabaza deja de ser una figura aislada para convertirse en una experiencia sobre la repetición y la escala.

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Dancing Pumpkin

La escultura Dancing Pumpkin, de 2020, lleva el motivo hacia una forma más dinámica. La versión monumental presentada en Melbourne en 2024 tenía unos 5 metros de altura, pesaba más de 9 toneladas y mostraba once patas amarillas y negras que parecían moverse.

El interés de esta obra está en que rompe la estabilidad habitual de la calabaza. El motivo ya no descansa como una forma cerrada, sino que parece bailar, caminar o escapar de su propia silueta. Kusama conserva los colores y los lunares, pero modifica la energía de la imagen.

Cómo mirar estas piezas sin quedarse en el efecto Instagram

La popularidad de Kusama ha convertido sus calabazas en uno de los motivos más fotografiados del arte contemporáneo. Esa visibilidad tiene un lado positivo, porque acerca a nuevos públicos a los museos, pero también puede reducir obras complejas a un fondo llamativo para una fotografía.

Cuando observo una de estas piezas, sigo cuatro preguntas sencillas:

  • ¿Qué escala tiene? No produce lo mismo una calabaza de sobremesa que una escultura de varios metros.
  • ¿Dónde está instalada? El mar, una sala blanca o un espacio de espejos cambian completamente su lectura.
  • ¿Cómo se repiten los lunares? Su distribución puede crear calma, vértigo o sensación de movimiento.
  • ¿Qué hace el espectador? Mirar desde fuera no equivale a entrar en una instalación inmersiva.

También conviene no confundir una reproducción comercial con una obra original. Existen objetos decorativos, ediciones gráficas y productos de diseño inspirados en la artista, pero su valor no depende solo del color amarillo y los puntos negros. La autenticidad, la procedencia, la técnica, la fecha y la certificación son esenciales cuando se habla de piezas de colección.

Otro error frecuente consiste en pensar que todas las calabazas significan exactamente lo mismo. Kusama mantiene un vocabulario reconocible, pero cada obra responde a un contexto diferente. Una pieza situada junto al mar habla del paisaje y del turismo cultural; una sala de espejos trabaja sobre la percepción; una escultura monumental puede explorar el movimiento y la escala pública.

Una calabaza que sigue cambiando de escala

La importancia de esta serie no depende de que la imagen sea fácil de reconocer. Su verdadero alcance está en cómo transforma una forma humilde en una herramienta para pensar la memoria, la repetición, la naturaleza y la relación entre individuo y universo.

Desde las primeras pinturas hasta las esculturas monumentales, Kusama ha demostrado que un motivo puede mantenerse durante décadas sin agotarse si cambia su espacio, su material y su relación con el espectador. Por eso sus calabazas siguen siendo algo más que un icono visual: son una de las vías más claras para entrar en la lógica del arte contemporáneo de la artista.

Preguntas frecuentes

Los lunares expresan la repetición y la disolución del individuo en un universo más amplio. Aunque la calabaza conserva su forma reconocible, el patrón parece integrarla en algo infinito.

El motivo está relacionado con su infancia en Matsumoto, Japón, en un entorno familiar dedicado al cultivo de semillas y plantas. Su primera aparición en la producción de la artista se remonta a la década de 1940.

La pieza creada para Naoshima en 1994 medía aproximadamente 2 metros de alto por 2,5 metros de ancho. Un tifón la dañó y arrastró al mar en 2021, y una nueva versión se instaló en el mismo lugar en 2022.

La pintura presenta la calabaza como una imagen plana y repetible; la escultura añade peso, volumen y escala; y la sala de espejos convierte la repetición en una experiencia inmersiva que altera la percepción del espacio y del cuerpo del visitante.

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Nerea Raya

Mi nombre es Nerea Raya y tengo 4 años de experiencia en el ámbito del arte, la cultura, la crítica y el mercado. Desde que era pequeña, me he sentido atraída por el poder del arte para narrar historias y provocar emociones. Esta fascinación me ha llevado a explorar diferentes corrientes artísticas y a entender cómo el contexto cultural influye en la percepción del arte. A lo largo de mi trayectoria, he escrito sobre una variedad de temas relacionados con el arte contemporáneo y la crítica cultural, siempre con el objetivo de ofrecer información útil y accesible. Me dedico a investigar y comparar fuentes, simplificando conceptos complejos para que sean comprensibles para todos. Estoy comprometida con proporcionar contenido preciso y actualizado que ayude a mis lectores a navegar por el dinámico mundo del arte y la cultura.

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